miércoles, 5 de noviembre de 2008
El rey y su gran batalla
Cuando pienso, mis ojos dejan caer lágrimas, que serán una colección más de tus conquistas; ganaste el trono, fuiste rey, te llevaste mi corazón, pero lo quiero devuelta, ésta reina no tiene latidos, no vive, le cuesta respirar, se ahoga con cada paso del pasado; una equivocación más. No voy a agradecerte por tu puta crueldad, no tenías motivos ni porqués en hacerme sentir así de mal. Ya no me interesa tu hipocresia barata, ahora me abrazo a lo poco que tengo, a lo que me queda, o a lo que quizás siempre estuvo ahí. El orden no me gusta, pero todo a su lugar, quedate donde elegiste estar. Son tus ideas o una fantasía más, utopía barata que compré... me dejó con una pregunta sin respuesta alguna ¿cómo es posible amarte y odiarte al mismo tiempo?. T e llevaste todo y me dejaste en nada. Te llevaste los sueños que alguna vez pude construir, te llevaste mis ganas de vivir, me dejaste en plena Soledad (se apellida Triste Companía). Gracías por nada, gracias por tanto.Nunca voy dejar de amar o tenerte ese afecto, esa chispa, esa piel, ese roce, siempre lo vamos a tener. Son mil te amos en rosas rojas (son rojas de sangre), tienen espinas y dolores profundos al corazón. Lograste ganarme querido Rey, ganaste esta gran batalla: Mataste a mi Corazón.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario